sábado, 1 de septiembre de 2007

Ver

Ver a una mujer, por la calle, con un cierto retraso mental (y un problema para caminar), contenta con la ilusión de que quizás consigue un trabajo de mesera y sabiendo que iba a tener que viajar de Buenos Aires a Paraguay seguido para ver a la madre y no-sé-cuanto, me dio ganas de llorar.

Es casi increíble que una persona como yo (normal, sin más problemas económicos, psicológicos, emocionales, afectivos, etc.) que la media se digne a quejarse habiendo gente que, estando en total desventaja, se anima a ilusionarse. Es casi inmoral que una persona que tuvo que luchar más en la vida se anime a ilusionarse y que una no se atreva a entregarse a la esperanza y opte por el pesimismo cotidiano y rutinario.

Decididamente algo está mal, por lo menos en mí.

Gracias.