lunes, 28 de mayo de 2007

Mitificacioón humana

Esto no es nuevo, ni ajeno a mí, pero igual lo voy a comentar. Tenemos todo tipo de fiebres mitificadoras, estoy segura que los neanderthales tenían algún tipo de idolatría hacia el fuego, los muchachos del medioevo creían que la religión les iba a solucionar todos sus problemas; después, en el renacimiento creyeron que los hombres mismos podían solucionar todos sus problemas (egocéntricos como ellos no existieron). Hoy creemos en el sexo, el dinero y las drogas para solucionar todos nuestros problemas.

Es ridículo, los problemas serios nunca se van a solucionar con esas cosas, a lo sumo problemas de plata, pero no es la plata lo que los soluciona sino el trabajo (como bien nos dice ese dicho: "Dale un pez a un hombre y comerá un día; enseñalo a pescar y comerá siempre."). Así que volvemos a lo mismo, de nada nos sirven esas tres cosas para solucionar problemas graves (y si nos sirven, entonces podemos dar por sentado que no eran graves y sólo lo parecían).

También tenemos un tema con la mitificación de la cultura, los padres, la música, la noche, los hombres, las mujeres, buenos aires y gardel. Para bien o para mal, dejamos de verlo como lo que son, y los idolatramos o los rebejamos al nivel de demomios, de males absolutos.

Yo no sé qué se puede hacer con eso, ni estoy a favor del sexo y las drogas y en contra de los padres y la gente, ni lo contrario. Bienvenido sea aquello que nos hace sentir bien, sin que eso se convierta en nuestra religión, nuestra esperanza y nuestro alivio dentro de una vida que odiamos. Bienvenido si un gusto más, un placer más, que nos damos en una vida que elegimos, ya sea un libro o cocaína o ese vestido Armani que tanto nos gustó. Bienvenido si podemos conseguirlo sin trabajar, sin dejar de lado energía! Lo que nos hace bien a cada uno de nosotros debe ser bueno (how could it hurt if it feels so good, se pregunta Madonna, quizás irónicamente), yo no sé si es bueno y por eso tengo miedo muchas veces, pero pensándolo bien, si me hace sentir bien, quizás sí sea bueno. Así que bienvenido sea todo lo que nos hace sentir bien, siempre y cuando no vivamos para eso, no dependamos de eso y, por sobretodas las cosas, no pensemos que esa es la verdad. Ni en el dinero, ni en las drogas, ni en los libros hay verdad, sólo cosas que nos gustan (o no) y que nos hacen bien (o no).

Ahora, puede ser que me equivoque, pero al fin de cuentas está en cada uno de ustedes que de todo les gusta y si les gusta tanto como para adorarlo.

martes, 22 de mayo de 2007

Mis pequeños placeres cotidianos

Necesarios para sobrellevar el día a día, el diario trajín, estos placeres los tenemos todos (y quien lo los tenga debería, en mi opinión, empezar a buscarlos).

Bien podrían ser (estos placeres) interminables orgías, fiestas llenas de pastillas, o un paraíso de alcohol, pero no, por ahora no lo son (ya me llegará el momento a mi también, si tengo suerte). Por ahora tengo placeres más humildes y baratos (algunos) para poder sobrellevar el día. A saber: un sol tímido a invierno que calienta lo justo y necesario para que sienta que casi no es más invierno, pero no me olvide que lo es; un paseo en primavera, cuando todavía no hace tanto calor; una noche en verano con largas charlas sin sentir frío; dormir estando cansada (y descansar); algunos olores; la buena comida en mi plato; un baño de inmersión ya sea que haga mucho frío o mucho calor; una caricia y un abrazo donde y cuando correspondan; sentirme amada; un libro con el que me obsecioné; ciertos CD's de música (con los que también me obsecioné); comprar flores; leer el diario a la mañana (porque, aunque tenga sueño y a los 10 minutos no me acuerdé qué leí, me gusta leerlo); un alfajor de chocolate; la medialuna con jamón y queso de mi facultad; una película que me haga reir (y otra que me haga llorar).

Demás está decir que no todos pasan todos los días, algunos sí. Otros pasan una vez por semana y otros, los más raros y exóticos, una vez cada tanto, cuando se dignan a aparecer (porque son esos placeres que sólo aparecen, si uno los busca, no aparecen).

A toda esa lista querría agregar el placer de una rutina, de la cual carezco pero emprenderé todo lo posible para tenerla. La rutina de ir, periódicamente (no diariamente) al mismo lugar hasta que me conozcan y pueda decir 'sí, hola, lo de siempre', porque yo siempre quise vivir en una película y eso se ve que no se puede (porque dotes de actriz no tengo), pero con eso me conformaría de sobra, incluso si "lo de siempre" fuera la típica Coca Light que tomo yo cuando voy a tomar algo.

Lo gracioso del asunto es que ahora lucho por tener (y mantener) una rutina con toda la constancia y el hábito que eso significa, cuando desde chiquita aprendí a odiarla y a luchar (efectivamente) contra ella. Desde que Pedro y Pablo (imaginínense) cantaban esas canciones lucho con la rutina, creo que lleva al cansancio y al aburrimiento (el peor de los males del hombre), pero ahora no querría nada más (y eso es una sutil mentira) que esa simple rutina. No sé si se podrá reaprender lo que una vez a fuerza de voluntad (y neurosis) se desaprendió y deorganizó. Se hará lo posible...

lunes, 14 de mayo de 2007

Besos

Yo te perdoné... yo te perdoné la primera vez que te besé.

Y yo no hablaba de un beso cualquiera, como el que le das a ese lindo del boliche (porque es lindo, porque tenés la necesidad creada, o porque te pusiste en pedo), esos no son besos. Sí, es un cierto tipo de actividad sexual, pero incluso antes que eso, eso es un pasatiempo (en un lugar no se puede charlar, ni escuchar música, ni leer, ni hacer chistes para pasar el tiempo). No están mal esos besos, ni coger ahí, sólo que no son besos, ni es sexo. Pero en fin.

A lo que iba yo es que yo no hablaba de esos besos de boliche, de reuniones sociales, de pasatiempo. Yo hablaba de esos otros besos, los que dan miedo, los que dudamos, los que no dan lo mismo. Es en esos besos en los que se perdona todo que se hizo y lo que se hará de antemano. Ahí es donde se perdona los errores del pasado (un pasado que ignoramos) y ahí es donde, sobretodo, tendríamos que darnos cuenta que estamos perdonando lo que viene. La verdad es que, en ese beso, ya está perdonado todo lo que nos van a hacer sufrir y se nos está perdonando todo lo que vamos a lastimar, el problema es que a veces no nos damos cuenta y entonces odiamos y amamos.

Si nos acordaramos de ese primer beso, de como nos arriesgamos y de como tuvimos miedo y de como toleramos todo ese miedo solo para ver si nos era respondido el beso, de como arriesgamos todo en ese segundo, nos daríamos cuenta como en ese segundo ya habíamos perdonado todo. No importa si después de ese beso no hay más besos o hay mil besos más, eso ya no importa. Al besar, al arriesgarnos así, estamos diciendo (sin saberlo, quizás) 'acá te estoy dando todo, tengo miedo mucho miedo, pero si me das un beso no me importa ese miedo, un beso tuyo ahora vale todo el miedo y todo lo malo que venga después' y así es como perdonamos.

Y una cita que me vino a la cabeza al azar escribiendo esto: 'when you sleep with someone, your body makes a promise whether you do or not'

sábado, 12 de mayo de 2007

Fotografía

Antes que nada: vivir. Vivir y no existir es mi tema en la vida (valga la reduncancia) porque cualquier puede existir, pero solo una persona puede vivir. No por nada Flaubert escribe 'Ella no existía más'* cuando mata a su Emma Bovary, pero de eso hablaré (si tengo ganas) en otro momento, no ahora. La cuestión que quería aclarar antes que nada es que de vivir se trata la vida y no de existir.

Si llega a ser verdad que los escritores escriben para vivir la vida dos veces (una cuando la viven y otra cuando la recuerdan), entonces los fotógrafos la viven tres veces: cuando la viven, cuando sacan la foto y cuando hacen la copia.

Ahora, yo me pregunto: cuántas veces vale la pena vivir la vida? Conozco esta chica que va a todas partes con su cámarita de fotos. A todo le saca decenas de fotos, de hecho, pasa más tiempo mirando la pantallita de 2'' del aparato ese que viviendo lo que está haciendo. Una vez le pregunté por qué hacía eso, si tenía miedo de olvidarse de las cosas. Psicología aparte, yo pienso si vale la pena tener tantos recuerdos de algo que uno nunca disfrutó el primer lugar. No estoy en contra del recuerdo, pero sentir debe ser más lindo que recordar lo que sentimos en su momento, o no? Y hablo desde la más absoluta ignorancia, porque de sentir yo creo que no sé nada de nada.

Creo que lo que tendríamos que dejar de hacer es dejar de tratar de coleccionar recuerdos. Estoy en contra del recuerdo por adelantado: de guardar la entrada antes de haber vivido el recital, de sacar una foto al principio de la salida, de sacar fotos a lo que no nos hace vibrar. Quizás si no quisieramos perder esa sensación de bienestar que nos da ese "vibrar" no trataríamos de guardarlo (de las mil maneras distintas).

En fin, a vibrar, caballeros. A vibrar, damas! Y eso se los digo a ustedes, porque no me lo puedo decir a mí, que soy la que más lo necesita!

*cito el texto original diciendo "Elle n'existait plus"

sábado, 5 de mayo de 2007

Libros

Yo tengo la teoría de que los libros son como amigos. Quizás sea la falta de amigos de carne y hueso, quizás no, pero yo pienso que un libro es como un amigo al que conocés rápido, le compartís muchas cosas y te comparte muchas otras. El libro te acompaña por un tiempo, sabés que va a estar esperándote para cuando quieras compartir tiempo con él, siempre, inexorablemente, incondicionalmente.

El tema (o problema) se presenta cuando el libro se acaba. Sí, todo se acaba y termina. Con los libros es todavía mejor, porque una sabe cuanto falta para que se termine el libro, pero por alguna razón a mí siempre me agarra desprevenida. Sé que se esta acabando, que se acaba, que se acaba pero de golpe, pum. Punto final y silencio. Y ahí es como si ese amigo que me acompañó por x cantidad de tiempo y yo nos despidieramos para siempre, como si supieramos que nunca vamos a volver a vernos (porque eso también es verdad: cuando terminamos un libro nunca más podemos volver a leerlo, una segunda lectura no se parece en nada a una primera y no es lo mismo, la "amistad" nunca es igual).

Tal es el apego que tengo yo con los libros (y con la vida!) que cada vez que termino una novela de cierta extensión, una pequeñísima angustia me invade. Un pensamiento que se puede traducir en algo como 'y ahora qué voy a leer?' y, después, tengo que dejar uno o dos días (mínimo) de luto. Después, por necesidad(0 falta de actividad), vuelvo a empezar otro libro (otra vez romperé un poquitito mi corazón al final sólo por disfurtar todo lo bueno que hay antes). Así, apenas empecé a leer uno nuevo, olvido la angustia y, del libro anterior, queda sólo lo bueno, las buenas citas, los párrafos o las frases tiernas, las ideas, las descripciones, alguna risa/sonrisa que se haya ganado el texto; pero de la angustia no queda rastro. Más aún, llegado a este punto, de quererlo, de desearlo, puedo abrir mi libro viejo y ya leído para releerlo y releer, no el libro entero, sino aquél pedacito que quiero leer, que ya va a estar preparado (por mi, por el libro) para que yo lo relea con más amor que la primera vez, recordando de antemano la claridad, la calidez, de las palabras que quiero leer.

martes, 1 de mayo de 2007

Preámbulo*

Ella dice "siempre quise ser escritora", y yo también (quise ser escritoria). Bueno, no, escritora sólo quise ser entre los 12 y los 15 años (antes quise ser arqueóloga, albañil, geóloga, astrónoma, pintora y después, después es otro tema), pero siempre quise ser opinóloga, o filósofa, o la mujer que escribe los artículos de Opinión o las Editoriales en un diario.

La cuestión es que estoy muy lejos de poder hacer eso, pero no por eso me quería quedar con las ganas de escribir y de opinar (porque yo pienso que no sé nada de nada, pero que me gusta opinar, de eso estoy segura).

Estoy convencida de que lo más interesante que pensé en mi vida, lo pensé de bastante chiquitita y se reduce a este axioma:
1. importa más la pregunta que la respuesta o es mil veces más interesante la pregunta que la respuesta que nos da.

Lo importante de todo esto es que este axioma debe tenerse en cuenta si se pretende leer lo que escribiré en los posteriores posts, porque todos los razonamientos que hice, siendo ya una persona pseudopensante, son prolongaciones de esa idea. Sin duda, es mi 1+1=2. Es la base puramente racional(que no tiene demostración empírica) y que crea una regla arbitraria, sobre la que el resto de mis pensamientos fueron surgiendo posteriormente.

Explicado esto, y mis razones para el blog (no porque tenga que darlas, sino porque así lo quiero yo), puedo dar por terminada la introducción a mi lugar de opinión.

*Entiendase que el título del post está puesto, en parte porque en parte eso es lo que es, y, por otra parte, porque siempre quise llamar "preámbulo" a algo.